the-office

Si no es en la oficina, ¿dónde?

¡Ah! ¡La oficina! Ese lugar que ha inspirado comedias y dramas, tanto en la televisión y el cine como en la vida real. Más aún, es un espacio en torno al cual han girado interesantes reflexiones literarias, como las críticas a la ambición capitalista en Dickens o la reducción al absurdo del trabajo burocrático que lleva a cabo Hermann Melville en Bartleby el escribiente.

Si las oficinas han dado pie a numerosas y diversas manifestaciones artísticas es porque en ellas han transcurrido millones de vidas. Al recorrer la trayectoria de cualquier persona que haya trabajado en una oficina, ya sea en funciones secretariales, contables, gerenciales o en épocas recientes, en las tecnologías de la información, encontraremos que esos trabajadores seguramente pasaron más tiempo en ese espacio que en sus casas y vieron con más frecuencia a sus colegas que a sus familiares.

Incluso hay casos, como el mío, en los que la vida de oficina comenzó antes que la vida laboral. Me explico; mi mamá trabajó como secretaria la mayor parte de su vida y cuando yo estaba en la primaria, sus jefes le daban permiso de que fuera por mí a la escuela y me tuviera con ella el resto de la tarde. Hasta me permitían usar un cubículo desocupado para que hiciera mi tarea, mientras esperaba a que mi mamá terminara su jornada.

Podrán pensar que era algo aburrido y cansado para un niño, pero lo cierto es que a mí me gustaba el ambiente de orden y trabajo que se respiraba en aquel lugar. Hasta me sentía importante, por pasar la tarde rodeado de personas que siempre parecían concentradas en lo que hacían. Años después, cuando los trámites necesarios para concluir la universidad e iniciar la vida laboral me llevaron por distintas oficinas de gobierno, pude constatar que no fui el único niño que creció así, pues me topé con más de una mamá trabajadora que hacía lo que la mía.

El paso del tiempo también me reveló otras situaciones que se daban en lo que durante la infancia me pareció el entorno más organizado del mundo. Me refiero a los romances, los chismes, las bromas y desafortunadamente, las intrigas y hasta el acoso. En fin, las oficinas no son perfectas, pero son los espacios que hacen posible el desarrollo de diversos trabajos. O al menos lo han sido hasta épocas recientes.

oficinas-virtuales

Las tecnologías de la información y la comunicación han propiciado el desarrollo de nuevas modalidades de trabajo, como el freelance o el home office; mismas que, a su vez, comienzan a revolucionar el concepto de oficina. No es que las personas dejen de necesitar espacios de trabajo, sino que ahora esos espacios pueden habilitarse en cualquier lugar; una habitación en casa, una cafetería, una biblioteca o hasta un parque en el que haya conexión a internet.

Las reuniones con los clientes o los colegas siguen siendo parte importante de muchas actividades y gracias a esto, las oficinas no se han vuelto completamente obsoletas. Sin embargo, para no desaparecer, han tenido que evolucionar. Hoy en día existen las oficinas virtuales, que ofrecen servicios como la renta de salas de juntas y espacios de trabajo, la recepción de llamadas y correspondencia, y el domicilio virtual.

Se les llama oficinas virtuales, porque no son el lugar al que se va a trabajar todos los días, sino que se alquilan por el tiempo que se necesitan; ya sea una semana, un mes o incluso un día. Este tipo de oficinas han resultado una excelente opción para los trabajadores independientes y las pequeñas empresas, que no requieren un lugar fijo de trabajo, pero que ocasionalmente necesitan de un espacio equipado para reunirse o llevar a cabo una determinada actividad.

Estos nuevos servicios me parecen ideales para una época como la nuestra, en la que factores como la ubicación, la distancia o el tiempo ya no imponen barreas para las actividades y los negocios. Sin embargo, me pregunto qué será de esas situaciones adyacentes al trabajo que también se dan en las oficinas, y que, nos guste o no, hacen importantes aportaciones a nuestra vida social y afectiva. Supongo que, al igual que todo, evolucionarán.