El retrato

En una ocasión, debido a que estábamos muy cera de la época navideña, recibimos muchos regalos de muchos clientes, justo el mismo día que nosotros enviamos los nuestros, algo que por lo general no colinda en tiempos, ya que lo normal, al menos en nuestro caso, hay dos o tres días de diferencia entre los regalos entregados y los recibidos.

Por lo general, los regalos que se entregan y los que se reciben son muy parecidos en naturaleza, consistiendo básicamente en lo mismo, aunque sin ser enteramente equitativos.

Por lo general, nosotros damos una canasta con vino y quesos con una barra de paté   y por lo general nosotros recibimos vino, uvas y demás, regalos que no solo se ven muy bonitos con sus moños rojos y sus canastas café chocolate, sino que son regalos que se pueden disfrutar mucho en buenas ocasiones, ya sea con la familia o con compaña selecta, hasta con uno mismo.

Sin embargo, en esa ocasión llegó un regalo especial de parte de unos clientes que se dedican a los préstamos rápidos, un regalo que hoy en día se encuentra en el centro de mi sala, por encima de la chimenea.

Se trata de una pintura que retrata un discurso del rey Luis XVI a sus nobles y miembros de la cabeza de la burguesía en el Palacio de Justicia de París, tan solo meses previos a la Revolución Francesa, donde dicho rey y su esposa, María Antonieta,  serían decapitados en la guillotina, a los ojos de todo el pueblo francés.

La pintura, naturalmente, no es una de la época, ya que de ser así, el precio sería impagable; sin embargo, esta pintura, elaborada en 1998, era más valiosa, debido al detalle perfecto de las imágenes e históricamente correcta en todos los sentidos, pareciendo, ante el ojo de alguien que conozca, como si esta pintura hubiese sido pintada en ese mismo día de marzo 1789, cuando el corazón de todas las clases sociales en el reino de Francia ardían con la intensidad de un volcán.

El rey Luis estaba retratado, parado en frente de un gran trono de oro con diamantes claros y piedras de rubí y esmeralda, esparcidos como las estrellas a través de toda la gran silla cubierta por una manta de terciopelo fino de fondo azul rey y tapizada por docenas de Flor- Delis de hilo dorado, símbolo del gran reino de Francia, sucesores de Carlo Magno, sacro emperador.

El rey vestía de blanco puro con las orillas de las mangas y del cuello doradas con su dedo índice apuntando hacia el cielo, mientras hablaba a una gran audiencia conformada por cientos de hombres con rostros furiosos portando papeles grandes y enrollados en las manos.

Lo que más me gustó fue lo bien que estos hombres estaban retratados al lado derecho e izquierdo del rey (los de la derecha apoyando al rey y los de la izquierda oponiéndose a él), ya que fue así como nacieron las tendencias de la derecha y la izquierda en la política.