El POP Art Japonés

La pasión por el anime y los mangas japoneses llevaron a Takashi Murakami a cumplir con una de las fantasías más recurrentes de todo aquel que se diga artista: crear su propia corriente estética. Ésta combinó sus dos pasiones primarias, la cultura japonesa y el pop art.

Murakami, como cualquier otro chico nipón, tenía cierta fascinación por las caricaturas de su país, mismas que han tenido un impacto social muy grande en el todo el mundo. Se postraba por horas en un viejo sillón leyendo mangas y viendo caricaturas. Cierto día, analizando la situación actual de su país, cayó en cuenta de que la cultura nipona se estaba hundiendo lentamente en superficialidad y careciendo de profundidad. Entonces, preocupado por la falta de interés de sus compatriotas, se propuso cambiar esta visión del Japón y su arte, ya que lentamente se convertía en un producto para ser consumido masivamente.

En la actualidad, la música, los productos audiovisuales, juguetes y demás souvenirs son la base que justifica la pérdida del valor artístico de las piezas, ya que los juguetes o esculturas hechas sobre construcción de estructuras  metálicas que llevan la imagen de Hello Kitty o Doraemon son la fachada estética y artística del Japón contemporáneo. Entonces, al ser personajes y objetos provenientes de la cultura popular, no se toman en serio, de hecho son parte de la comercialización masiva. Esto fue precisamente lo que hizo que Murakami decidiera actuar.

Murakami era un ávido creador de historias que contaba a través del diseño y la pintura. Para él, el arte siempre jugó el rol principal en su vida. Entonces, con el talento de su lado, comenzó a pintar sobre sus problemas y lo que veía al rededor, hasta que se vio pintando algunas piezas que más que una pieza al estilo Da Vinci o Caravaggio, era una mezcla entre sus aficiones y sus saberes. Creaba dibujos de colores y formas híbridas, fusionadas con pinceladas y técnicas clásicas. Murakami mezclaba el arte típico de su generación y el pop art que tanto admiraba.